Esta mañana no he tenido ni flores ni bombones.
La verdad es que no recordaba que era San Valentín hasta que me ha llegado un email de una oferta de no sé qué.
No quiero ponerme ñoña o sensiblera.
Pero sí me gustaría recordar la potencia del amor que sientes por ti.
Puede que lleves años machacándote, juzgándote y castigándote.
Quizás te quieras, pero no de la forma sana y transformadora que puedes llegar a querer.
A veces confundimos el amor propio con el situarnos como víctimas.
El «pobrecito de mi» es un cariño tipo el del que se cree muy listo por el tonto.
Tipo «me da penita el pobre tontito que no da para más…».
No va de eso.
Sólo sirve para mantenerte en la queja y el regodeo, que a veces resulta incluso placentero.
Sí, sí, a veces sabe rico.
Pero es como un empacho gordo de gofres con chocolate y nata.
Tampoco estamos hablando de egocentrismo o egoísmo.
Amor.
Amor incondicional.
Oye, ya.
Todo esto te lo sabes de memoria.
Vamos a practicarlo, para no quedamos en abstracciones.
Te pido que hagas tres respiraciones profundas, con una mano en tu corazón y la otra en el estómago.
Que imagines una luz, que le des la intensidad que necesites, el color, la temperatura…
Conectando con esa energía sutil y poderosa que entra y sale de tu corazón.
Y puedes decirte cuánto te quieres.
Cuánto y cómo te quieres, y la intención de quererte más y mejor.
Te acompaño en este camino de amor curativo en mis sistemas https://hermanoslacasa.com/sistemas/
Un abrazo fuerte,
– Rocío Lacasa.